Con relación a los orígenes de estas Agrupaciones Musicales, los testimonios escritos, pinturas y grabados sobre el empleo de los músicos en las operaciones militares, tan viejo como el mismo arte de la guerra, nos demuestran que éstos desempeñaban honrosamente su papel en las batallas de las antiguas civilizaciones.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en el territorio de Sumeria (antigua Mesopotamia, cerca del Golfo Pérsico, año 10000 A.C.) permiten asegurar que los primitivos habitantes de dicha región manejaban instrumentos de percusión y otros tales como el Esirtu, el Gi-bu, trompetas rectas y trompetas en forma de espiral, para sus usos militares y ceremoniales.
Hay también referencias al uso de instrumentos tanto en el Libro de Moises (Génesis 4,21) y en el Libro de los Números, en el que se cita el uso de la Trompeta de Plata por parte de los hebreos antes de entrar en combate y para lograr la bendición de Dios.
Hacia el año 3100 a.C. los egipcios dedican gran culto a la música militar El uso de instrumentos y de formaciones musicales está también documentado en la India y China (año 3000 a.C.), en Caldea (año 2000 a.C.) e incluso entre 1100 y 500 a.C., en plena Edad de Bronce, se desarrollan los conjuntos instrumentales de Luras vikingas en los países escandinavos.
Finalmente, en los relieves y vasos del Museo Arqueológico Nacional de Madrid se pueden observar, claramente, guerreros ibéricos tocando instrumentos musicales de uso militar
2-A partir de la antigua Grecia
Jenofonte (Lac. Repl., 13,8) cita el uso del Aulos, instrumento musical, especie de doble oboe, utilizado para ejecutar, fundamentalmente, el modo frigio en la antiguia Grecia y el cual había sido importado de Asia Menor.
Los soldados marchaban al combate al son del aulos, con el fin de mantener un correcto orden en la formación y el mismo ritmo en la marcha. Antes de la batalla, los aulistas tocaban un preludio con el objeto de poner a los soldados en disposición de ánimo para la lucha, mientras que, el llamado Canto de Castor, constituía la señal para el ataque.
Sobre todos estos hechos abundan los testimonios en Sófocles, Pitágoras, Aristóxenos, Dídimos, Platón, Aristóteles, Herodoto, Plutarco, Tucídides y Gelio.
Ya en Roma, durante el reinado de Servio Tulio fueron instituidos formalmente los grupos de músicos en las Milicias o Legiones romanas con funciones específicas. Se sabe que en tiempos del emperador César Augusto (63 a.C. - 14 d.C.), el aulos aumentó sus dimensiones y llegó a ser un instrumento de tamaño similar al de las tubas.
Fueron los romanos, según el musicólogo Paul Henry Lang, quienes no sólo aumentaron el tamaño de sus instrumentos para aumentar la intensidad o volumen, sino que además reunieron a un gran número de ejecutantes hasta formar conjuntos de músicos verdaderamente impresionantes, tradición que ya existía en Egipto, tal como señalaba Ptolomeo Filadelfo.
Los virtuosos de la música eran respetados y considerados en todo el Imperio. Estudiaban bajo la tutela de memprables maestros; debían llevar una vida metódica y sana; realizaban giras de conciertos por el Imperio y recibieron pagos importantes y numerosas familias patricias continuaron la práctica que se había iniciado con los famosos Gracos, Tiberio y Cayo Sempronio hacia el 110 a.C., de enviar a sus hijos a las escuelas de música y de danza.
Más tarde, el emperador Tito Flavio Sabino Domiciano (54-97 d.C.), estableció los Juegos Capitolinos, en los cuales se premió la actuación de instrumentistas, músicos, cantores y poetas. A partir de esas fechas y acontecimientos, la música además era considerada como Espectáculo y los músicos gozaron de condiciones y tratos muy especiales.
Es a partir del S. XVI, cuando podemos referirnos con certeza y precisión a unas Agrupaciones Bandísticas o Bandas que cuentan con una verdadera dotación coherente, bien planificada y bastante estable de familias instrumentales.
En Inglaterra durante los siglos XV y XVI los Waits, nombre con el cual se llamaba a las Bandas de Músicos Pagados por las comunidades para tocar por las calles en las fiestas y ceremonias y sobre todo, durante la Navidad, solían tocar Chirimías, cornetas, Sacabuches y Flautas).
Muy pronto, las Bandas Reales fueron creciendo en número de integrantes y aparecieron las Bandas Militares organizadas con el propósito específico de inspirar a los Soldados (combatientes profesionales a sueldo) en el campo de batalla e imprimirle mayor organización y majestad al despliegue de las tropas y cuerpos armados.
En 1543, el rey Francisco I de Francia (rey 1515-47), organiza la Grande Écurie, integrada por trompetas, cornos de caza y oboes; además, establece que cada grupo o regimiento de mil hombres, debería estar precedido y tener su Pequeña Banda integrada por 4 tambores y pífanos (Cfr.Du Belley, Essai sur les instruments., París 1870).
Para la ejecución de obras y composiciones de mayor importancia desde el punto de vista formal musical, aunque dentro del carácter épico y marcial, las nuevas y grandes marchas militares, himnos y otras obras del mismo género que se escribirán a partir del S. XVI y sobre todo, a mediados del S. XVII, se requerirá una agrupación musical más numerosa y completa, lo cual estimulará la investigación, desarrollo e incorporación de nuevos y mejores instrumentos.
Sabemos, con bases documentales, de la existencia de una Banda Militar en 1646, según el modelo que había sido establecido en Francia por Francisco I en 1543, cuyo nombre era Brandenburgerischen Dragoner y consistía también, en un grupo de cuatro redoblantes y cuatro Schalmeipfeiffer, instrumento de viento, desarrollado a partir del Discant pero de cuerpo más delgado y sonido más refinado.
Hacia 1650, el rey Luis XIV estableció Les Grands Hautbois, un ensamble de vientos integrado por doce músicos ejecutantes de oboes soprano, alto y tenor; dos fagotes; dos cornetas y una especie de castañuelas (bones). Promovió además, otra Banda Montada llamada Les Trompes du Roi. Años más tarde Luis XIV, encarga de la dirección de la Grande Écurie ó Banda Real, al compositor André Philidor (c.1647-1730) quien recibe la tarea de revisar y confeccionar un nuevo repertorio musical ceremonial; como resultado de este trabajo, aún quedan en la Biblioteca de Versalles más de 300 Suites escritas para trompetas, cornos de caza y oboes. Esta agrupación, integrada por cornos de caza y timbales, aún existe como símbolo de tradición; viste uniformes de la época y suele presentarse en ocasiones muy solemnes. En su repertorio figuran: La Marche Royale de Jean-Baptiste Lully; Fanfares pour cors et timbales del Marqués de Dampierre; La Reine Marie-Antoinette (Anónimo); Le Menuet de la Reine (Anónimo), entre otras muchas obras.
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